Quizá, ahora sería bullying.

Recuerda las sensaciones como si las hubiese vivido hace cinco minutos. En realidad, hace años de aquello, pero es como en todo incendio, que empieza con una leve chispa, luego hay llamas y por último cenizas, las que más daño pueden hacer.

Se pregunta muchas veces qué tan grave fue lo que hizo para merecerse eso, que qué mal puede hacer una chiquilla de apenas 11 o 12 años para que todo el mundo se vuelva en su contra. No encuentra respuesta, bueno si, a veces coincide con todos los de aquel momento, que le hacían ver que todo era culpa suya y que obtenía justo lo que merecía, ¡Es verdad! – se dice-, después de todo, si te dicen o te hacen ver constantemente que tú eres el malo de la película, al final, aunque seas Cenicienta te lo acabas creyendo, y, ella no era Cenicienta…

Recuerda de vez en cuando, no es algo que premedite, simplemente le llegan imágenes a la mente de vivencias, igual que cuando tocan a tu timbre y te acabas de meter en la ducha, algo indeseado pero inevitable a la vez. Cuando recuerda, todo fluye, tiene 6-7 episodios grabados a fuego en algún rincón de su cerebro que no puede olvidar, parecen pocos, pero le son muy dolorosos, afortunadamente, la mayor parte de ese periodo lo ha olvidado, por más que busque conexiones entre los episodios no las encuentra, eso le hace sentirse mejor dentro –claro está- de la melancolía que todo esto le despierta, “ya lo decían en la radio” -piensa-, ella es una acérrima seguidora de los programas matutinos, “ya lo decían en la radio” el cuerpo es sabio y olvida lo que hace daño, lo que no necesitas…

Siempre empieza de la misma manera, esa llamada de teléfono, que según cree, lo cambió todo. Era viernes, un viernes que dio paso al fin de semana más largo de su vida, la mezcla de nervios, desasosiego, desesperanza, ansiedad, sensación de que todo se iba a desmoronar y miedo, sobre todo miedo por el lunes, sólo era el principio de lo que iba a ser el resto de su vida.

Todo cambió y nada volvió a ser igual, de repente, silencios, miradas indiferentes, sin cariño, miedo a hablarle, corros en las esquinas cuyo tema de conversación era ella –aunque aún no era consciente de eso, siempre fue una ingenua-. “A ver tranquila, respira, son imaginaciones tuyas, estás nerviosa, aguanta el tipo, todo pasará, todo seguirá igual que antes” -se intentaba animar-. Reúne el valor que nunca ha tenido para afrontar la situación, pensando que ella tenía razón, ¡ERROR! Al parecer era la mala malísima del mundo y tenía la culpa de todos los horrores de la tierra habidos y por haber (Para que os hagáis una idea), -y ella sin saberlo-, siempre piensa que la sensación que tuvo en aquel momento refleja fielmente el dicho de “Darse de bruces con la realidad” la sensación de que el mundo gire 180º, que todo en lo que has creído sea completamente al revés, -imaginad el momento- ella descompuesta con ganas de llorar, de desaparecer y con 0 apoyos, esa era otra; las mayorías… Nunca ha culpado a nadie por no apoyarla, pensándolo fríamente, en ese momento ella cree que tampoco lo hubiese hecho, no se trata de apoyar al que tenga o no tenga razón, se trata de sobrevivir, estar del lado de la mayoría es más sencillo, más cómodo, ocasiona menos problemas y en ese momento tienes dos caminos o ir en contra de uno, o tener al resto en contra… las matemáticas no fallan, aunque a ella siempre le gustó la frase de película “Los números no ganan las batallas”, siempre acaba apostillando “No, no ganan batallas, pero ayudan bastante, créeme, lo sé, se lo que es sentirse sola”.

Pasan los días y ella se ha marcado una rutina, detesta ir al instituto, cuando antes lo disfrutaba, pero ahora no, ahora son 6 horas de dolor – si no la creéis, sus notas lo reflejarán al final del trimestre-, marcada por la indiferencia, por el dejarla sola en una mesa del aula de plástica, prefiriendo el resto agruparse en 7-8 en vez de compartir minutos con ella, -no tiene la peste, pero ellos deben creer que si porque si no, no me lo explico-.

Cuando llega a clase las voces callan y acto seguido retoman la conversación, es un claro intento de desestabilizarla, de demostrar que hablan de ella esté o no esté presente. Pasa los recreos sola, algunos de ellos en el baño, no quiere que la vean llorar, pero no puede evitar dejar de hacerlo. A veces, gente de “la mayoría” se le acerca, siempre a escondidas sin que los “mandamases” los vean, pues correrían la misma suerte, ella sabe que no se merecen su compañía, pero no puede evitar esbozar una media sonrisa cuando alguien le saluda y le sigue la conversación aunque sea unos minutos – la soledad más triste, es la soledad no elegida-. Llega a casa y finge que todo está bien, no quiere involucrarlos, su situación no podía empeorar mucho más, pero no quería el apodo de “chivata” –uno de los delitos más graves en la infancia-. A pesar de ello su madre no es tonta, pero deja en la medida de lo posible que su hija maneje la situación. Para desahogarse, cuenta con un rincón secreto debajo de su cama, que, en combinación con la casa vacía por trabajo de los padres, es idóneo para contarse a sí misma -¿A quién si no?- sus sentimientos y la dureza que el nuevo día le ha traído. También tiene una vía de escape, el deporte, el que fue su pilar de vida en toda esa etapa, donde los problemas desaparecían como globos pinchados con un alfiler, durante una hora y media dos días a la semana – ¿Suficiente, no?-.

Lo que más le duele a la chica ahora, son “las cenizas”, el daño de aquel momento se quedó en aquel momento, pero sirvió para forjarle el carácter que portaría toda su vida, rasgos de inseguridad, de poca autoestima, de miedo a sus actos, le acompañan en todos los ámbitos de su vida, es algo que no ha elegido sino que son consecuencias de “cosas de niños” que pasan sin pena ni gloria por los adultos.

Pero, si debe destacar algo, muchas de sus lágrimas son debidas a que nadie, en todos los años que pasaron después de aquello, ABSOLUTAMENTE NADIE, se le ha acercado con un “Lo siento” o un “Perdona” en la boca, siempre dice que “Si no es de verdad, no quiero que me pidan perdón, porque no serviría de nada” pero el hecho de que nadie se haya excusado con ella, refleja que su dolor y sufrimiento no ha removido conciencias y ha pasado sin pena, cómo si fuera gratuito el hacer daño a una persona y las consecuencias de los actos solamente las viviese una de las caras de la moneda, y, es más, le entristece el ver que muchas de esas personas ahora le hablan como si nunca nada de eso hubiera pasado. Ellos son felices, ella no, al menos no completamente y es por culpa de ellos, que ya, ni recuerdan el daño que le hicieron, aunque en su momento, lo hicieron queriendo y buscando lo que exactamente ocasionaron. No somos conscientes, pero los niños, a priori tan inocentes, pueden hacer mucho daño y no pagar el precio.

Es cierto que no se metieron con su físico, –al menos que ella recuerde- de hecho puede ser el único pilar que no dinamitaron, pero también es cierto que le hicieron mucho daño. Nunca pensó en quitarse del medio, realmente llegó a pensar que ella tenía la culpa de todo, quizá por un golpe de suerte o por inocencia no pensó en la palabra que empieza por “S”, pero ahora echando la vista atrás sí que lo piensa, que el estrés, ansiedad, miedo, insomnio y tristeza que le tocó vivir durante una etapa de su vida en parte por “la mayoría” y en parte por el machaque personal que ella se hacía –que esa es otra- podrían haberle abocado fácilmente a querer acabar con todo eso, pero ella insiste, “no fue fuerza (porque no la tenía, se la habían quitado), fue suerte, inocencia y quizá desconocimiento”.

Nunca había pensado en su situación de otra manera que no fuera como “algo” que le toca vivir a determinadas personas, – para que unas personas sean felices otras tienen que ser desdichadas, pensaba, así se ven las diferencias- pero la madurez le ha hecho reflexionar; después de todo, quizá ahora sería “bullying”.

Being_alone_tears_us_apart_by_milkflow

Still too young to fail, too scared to sail away, but one of these days I’ll grow old and I’ll grow brave and I’ll go… one of these days.- Chocolates & Cigarettes-.

 

Ü.

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