Sin sello ni dirección

Escribo esta carta sin dirección, porque ahí donde quiero que vaya no necesito de sellos ni remites, sólo preciso un corazón que hable con sinceridad y otro dispuesto a escuchar, y no dudo de ninguna de las dos partes.

Ahora se lo especial que eres… quizá antes lo sabía pero no lo valoraba, o quizá no disponía de la madurez suficiente para entender ciertas cosas. No quiero que esto sea un lamento sino más bien lo contrario, una carta donde se muestre el orgullo que siento por ti, por lo que fuiste, eres y siempre serás…
Si fueses el protagonista de un cuento, te describiría como una persona fuerte, robusta, temperamental, entrada en años, trabajadora, con un humor muy simple, esa simpleza que ya sabes que detesto, que no me hace gracia sino todo lo contrario (¿recuerdas?, mi humor es más serio) pero, que al final me hace reír porque veo que tu disfrutas con poco, una persona sincera, sin medias tintas, de muy buen fondo, y, sobre todo de muy buen corazón… ese tipo de personas que durante un enfado sustituye los llantos por sonrisas, de las que arregla todo con un “a pues… y una sonrisa pícara”, de las que se ríen hasta de su sombra, de las humildes … En ciertos momentos, una persona cansada de una vida que, no siempre le muestra su cara bonita y sencilla pero de la cual se sobrepone y “tira hacia adelante”, de los que plantan cara a las adversidades y salen victoriosos y también de aquellas personas que toman decisiones por el beneficio ajeno, difíciles, sí, que le perjudican también, pero que no duda en sacrificarse y hacer lo que consideran correcto en beneficio del bien de la mayoría como más de una vez has demostrado.
Con esto no quiero decir que seas la mejor persona del mundo, la más perfecta… pero sí que distas mucho de una persona mala y eso para mí es un gran orgullo.
Somos personas, “somos errores en movimiento”, pero disponemos de dos opciones; tenemos la capacidad de aprender y de mejorar o de quedarnos anclados en el orgullo y en la idea de “el mundo está en mi contra” cuando la mayor parte de las veces es al revés “yo estoy en contra del mundo”. Afortunadamente tú eres de los primeros, de modo que considero que en cualquier cuento que escriba, tu papel se asemejaría al de un héroe, bueno, a mi visión de lo que es un héroe, una persona normal y sencilla, sin maldad, envidia o egoísmo, aquella persona que hace el bien porque es lo correcto, una persona para la que contrariando a Maquiavelo, “El fin NO justifica los medios” y simpatizando con Timón y Pumba, “Vive y deja vivir”; pero no creas que me olvido de los malos momentos ¿eh? Todo héroe que se precie tiene momentos de flaqueza y tú no ibas a ser menos…
Para mí la suerte es tener a tus seres queridos cerca, es sentir cariño allí donde vas y poder devolverlo de corazón. Ya he perdido la cuenta de todos los te quiero que no nos hemos dicho durante estos siete años, o cuántas miradas cómplices se han perdido, incluso de cuántas de tus sonrisas se han dejado de oír… ¡Cuántas costumbres olvidadas! Qué ironía ¿no?.
Desde hace tiempo se que tener a mis seres queridos cerca no significa que vivan a pocos metros o incluso pocos kilómetros de mi. Tú estás muchísimo más lejos y eso no es impedimento para sentirte cerca y más un día como hoy en el que hace ya tiempo nos dejaste, pero nunca del todo, que ya sabes que somos de los que “No olvidamos lo que tenemos grabado en el corazón”.

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A menudo los héroes son desconocidos.

Te echo de menos y se que lo sabes. Vuela libre, vuela alto y se feliz.
Te quiero. Tu nieta.

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2 thoughts on “Sin sello ni dirección

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