126.144.000 segundos.

Se que toda enfermedad es mala, pero aquellas en las que tu cuerpo está bien más tu cabeza falla son las peores, las más tristes.. Aquellas en las que pierdes tu esencia, esas en las que empiezas a depender de los demás y ni siquiera te acuerdas, aquellas que te hacen volver a ser como un niño pero de la manera más cruel posible y, en concreto esa, la que te invadió; el Alzheimer.
Fueron muchos años de ver la evolución, o más bien el retroceso que en ti, en tu personalidad y recuerdos, en tu inteligencia hacía. Al principio parecía un juego, a la abuela no le sale mi nombre, yaya no ha comprado el pan… pero pronto dejo de serlo. No tuvo piedad, no se detuvo hasta que consiguió el final nefasto que ansiaba.
Yo era pequeña y no lo supe llevar bien, no lo comprendía y ahora me arrepiento, pero como siempre, AHORA ya es tarde.
Creo que una de las cosas más duras que recuerdo fue esa cara de indiferencia involuntaria, sentada en esa silla, dándote igual todo, mirando a la nada, pasando por tu lado e ignorándonos como si fuésemos cualquier viandante que ni te iba ni te venía, esas veces (que fueron muchas) en las que ya no recordabas a tus hijas, esas recuerdos en los que pensábamos “con lo que ha sido”, “con lo que ha trabajado” “con lo que nos ha cuidado ” y ahora así inexpresiva, miradas que trasmitían nada, vacías, tristes, reflejo de como el alzheimer te iba consumiendo poco a poco hasta que llego un día que no aguantaste más y decidiste irte a un lugar mejor porque eso sí, no me cabe duda que la batalla la ganaste tú, y tú decidiste cómo, cuándo y dónde irte antes de que acabara contigo del todo.

Y son 4 años ya sin ti, que se dice pronto, pero si te paras a pensar, estamos hablando de 1460 días, 35040 horas, 2102400 minutos y millones de segundos en los que te hemos dejado de ver, de hablar, de acompañar, de sentir..
Fue un 20 de Septiembre de 2010, en el que se me juntaron muchas cosas, mis 18 años, mi primer día de universidad, mi primera vez viviendo fuera de casa, mi primera vez sola, la primera vez que perdí el control de la situación y veía que todo me superaba, la primera vez que sentía que el mundo seguía avanzando pero yo no era capaz de seguir su estela.. y creo que por eso me marcó tanto, recuerdo la sensación al ver esas llamadas que creía inocentes para preguntar que tal mi primera clase de la carrera que determinaría mi vida, y resultó ser algo inimaginable, ese autobús que cogí y lo largo que se me hizo ese viaje, más que ningún otro, esos días, ese estado de confusión y de estar viviendo algo que creía no real..
Dicen que aunque el tiempo pasa, las cosas importantes permanecen en la memoria, es un poco irónico que nos acordemos de como una enfermedad te impedía recordar las cosas, pero la vida tiene estas cosas.

Bueno yaya, no te puedo escribir mañana por eso te lo mando hoy para que veas que sigues muy presente en todos nosotros, espero que estés con yayo feliz y desde arriba nos eches un ojo de vez en cuando y te sientas orgullosa de todos nosotros y de como hemos salido adelante.

Un beso muy fuerte directo al cielo.
Tu nieta Úrsula.

yaya

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